1)
Señor, Tú nos llamaste a tener comunión con Tu hijo Jesucristo, nuestro Señor y Tú eres fiel. Tú nos llamaste a través del evangelio para que podamos compartir la gloria de nuestro Señor Jesús. Fue El quien nos salvó y nos eligió para su obra santa, no porque lo mereciéramos, sino porque ese ha sido siempre tu plan desde que fundaste el mundo –mostrarnos tu amor y misericordia a través del Redentor. Nos has escogido para hacer conocida tu voluntad en toda área de nuestra vida y para que cumplamos el propósito por el cual nos has amado siempre. ¡Todos nuestros dones y habilidades te son útiles y te agradecemos a Ti por cada uno de ellos; aún nuestras debilidades, al ser conquistadas y fortalecidas por medio de tu Palabra y el Espíritu, dan gloria al Señor! Gracias por amarnos desde siempre, bendito Señor, Amén. (Efesios 2:8; 1:9)

2)
Alabaré a Jehová con todo el corazón en la compañía y congregación de los rectos. Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren. Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre. Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová. Ha dado alimento a los que le temen. Para siempre se acordará de su pacto. ¡Que privilegio para nosotros saber que la comunión íntima del Señor es con los que le temen y a ellos hará conocer su pacto! Esa comunión íntima contigo, oh Dios, es a través del diálogo, es a través de platicar contigo, es a través de la oración. Has dejado en nuestras manos el privilegio maravilloso de poder escoger la comunión o comunicación contigo. (Salmo 111:1-5; Salmo 25:14)

3)
Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque Tú eres el Dios de mi salvación, en ti he esperado todo el día. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. Que mis labios emitan Tu Palabra para que de tal manera, pueda yo sembrar tus deseos, tus mandamientos y tus estatutos en mi corazón. Que mi boca en oración declare, pronuncie y haga conocida tu Palabra porque al hacerlo así, el espíritu de fe que opera en mí, producirá un cambio en la circunstancia natural que tengo delante de mí. A través de mi oración y de mi declaración, podré llamar a existencia las cosas que no son, como si fueran. Que así sea, Amén. (Salmo 25:5; Salmo 19:2; 2 Corintios 4:18)

4)
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. En esa novedad de vida, tenemos libre acceso para presentarnos delante del Padre, por medio de Jesucristo, y hacer conocidas nuestras peticiones con ruego, oración y súplica, sabiendo que Sus oídos están atentos a nuestras oraciones y que éstas son su deleite. ¡Qué maravilloso privilegio saber que Dios está atento a lo que yo le expreso y que también se deleita cuando tengo comunión con El a través de la oración!
(Efesios 1:3-3; 2 Corintios 4:17; Salmo 34:15)

5)
Te acercaste, oh Dios, el día que te invoqué; dijiste: No temas. Porque eres un Dios bueno, porque eres un Padre amoroso, porque cuando oramos y clamamos a ti, Tú ya has oído nuestra súplica. No estamos afanosos por nada, sino que son conocidas nuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias porque sabemos, Padre bueno, que esta es la confianza que tenemos en ti, que si pedimos alguna cosa conforme a tu voluntad, Tú nos oyes. Y si sabemos que Tú nos oyes en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que te hayamos hecho. Descansamos entonces en ti, porque eres nuestro Buen Pastor y nada nos faltará (Lamentaciones 3:57; Isaías 30:19b; Filipenses 4:6; 1 Juan 5:14-15)

6)
Cercano estás tú, oh Jehová, y todos tus mandamientos son verdad. Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido. Tú nos animas cuando nos dices, acercaos a mí y me acercaré a vosotros. Buscadme y me hallaréis.
Te buscamos, oh Dios, en oración y ruego estando persuadidos que Tú, que comenzaste en nosotros la buena obra, la perfeccionarás hasta el día de Jesucristo. ¡Somos el templo del Espíritu Santo y tu casa será llamada Casa de Oración! Ese es nuestro anhelo, esa es nuestra oración, que podamos ser de testimonio a todos, que podamos mantenernos siendo llenados, a través de la oración, de tu presencia y de tu unción. (Salmo 119:151-152; Filipenses 1:6; Santiago 4:8; Lucas 19:46)

7)
Pedimos en oración que nuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento para que aprobemos lo mejor, a fin de que seamos sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. Sí, pedimos en oración que andemos como es digno del Señor, agradándole en todo y llevando buen fruto. Que al acercarnos a ti en oración, seamos limpiados como los pámpanos porque ¿quién podrá conocer sus propias faltas? Muéstrame, oh Dios las que me son ocultas, muéstrame lo que en mí te provoque tristeza para arrepentirme de todo corazón y para presentarme delante de ti y ser de gozo ante tu presencia. (Filipenses 1:9-11; Salmo 139:23-24)

8)
Porque deseamos imitarlo a El, porque deseamos andar como El anduvo, porque anhelamos hacer obras mayores a las que El hizo cuando estuvo en la tierra; por todo ello, nosotros, como Cristo, nos ponemos en la brecha a favor de la tierra para que Tú, Dios nuestro, no la destruyas a causa de nuestros pecados y de nuestras iniquidades. Bendito sea El Señor Jesucristo quien vive siempre para hacer intercesión a favor de todos nosotros. El es quien ha orado para que nuestra fe no decaiga, aún cuando el enemigo nos hubiera pedido para zarandearnos. ¡Tenemos puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe y por ello, somos fuertes y más que vencedores! (2 Juan 6; Ezequiel 22:30; Hebreos 7:25; Hebreos 12:2)

9)
Toda oración y ruego que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo, cualquiera que tuviere dolor en su corazón, si extendiere sus manos al Señor, Tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdonarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, habiendo conocido su corazón; porque sólo tú conoces el corazón de los hijos de los hombres; para que teman y anden en tus caminos, todos los días que vivieren sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres. Si pecamos y nos arrepentimos, Tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, nuestra oración y nuestro ruego, y ampararás nuestra causa y perdonarás a tu pueblo que pecó contra ti. Ahora, pues, oh Dios nuestro, te rogamos que estén abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración en este lugar. Que así sea, Amén. (2 Crónicas 6:29-31; 39-40)

10)
¡Bendito Espíritu Santo, gracias por morar en mí! Gracias por haberme escogido para ser tu templo. Nosotros somos llamados casa de oración, Iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. ¡La Verdad es Cristo y habita en nosotros! El Señor Jesús no nos dejó solos, envió al Consolador. El Espíritu Santo glorifica a Jesús porque ha tomado de El y nos lo hace saber. Y de igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Espíritu Santo, ayúdanos a interceder para que la buena voluntad agradable y perfecta de Dios sea hecha en la tierra como lo es en los cielos. Amén. (1 Timoteo 3:15; Juan 16:7,14; Romanos 8:26-27)

11)
Jehová Dios de los ejércitos, oye nuestra oración; escucha, oh Dios de Jacob. Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en tus ungidos. Nosotros somos tu pueblo y hoy nos humillamos delante de ti, rasgamos nuestro corazón y no nuestros vestidos, nosotros somos tu pueblo, sobre el cual Tu nombre es invocado. Hoy disponemos nuestro corazón y oramos a ti, arrepentidos buscamos tu rostro y nos convertimos de nuestros malos caminos sabiendo que al hacerlo así, tú oirás desde los cielos, perdonarás nuestros pecados y sanarás nuestra tierra. Gracias Señor porque ahora están abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración en este lugar. ¡Gracias por elegirnos y santificarnos para que en nosotros habite tu nombre para siempre! (Salmo 84:8-9; Joel 2:13; 2 Crónicas 7:14)

12)
De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y cuantos en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos. Todo es tuyo, oh Dios Todopoderoso y quieres que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Nos exhortas a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, intercesión y acciones de gracias por todos aquellos que están en eminencia es decir, en lugares de autoridad, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, porque él quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Gracias Señor Jesús por ser nuestro mediador y por usarnos a nosotros para interceder por los hombres y mujeres para que te conozcan a ti, el único Señor y Salvador. Amén. (Salmo 24:1-1; 1 Timoteo 2:1-5)

13)
Gracias, Dios Todopoderoso, porque tus oídos están atentos a nuestras oraciones y a nuestra intercesión a favor de la tierra de Guatemala y de todos sus habitantes. ¡Bendita sea Guatemala, bendita la tierra que me vio nacer! ¡Es hermosa la heredad que me ha tocado, las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos! Y estoy tan agradecido con Dios por haberme hecho nacer en esta tierra, en este tiempo para poder ser de bendición a muchos través de mi oración y de mi intercesión. No hay amor más grande que el de aquel, que pone su vida a favor de los demás. El que da de su tiempo, de su energía, de su amor, de sus fuerzas, el que es un intercesor para proclamar y decretar las promesas de Dios para su tierra y sus habitantes. Sí Señor, Dios Nuestro, todo lo que has dicho para Guatemala es Sí y Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Aleluya. (Salmo 16:6; 1 de Juan 3:15-17; 2 Corintios 1:20)

14)
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación el cual nos consuela para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Pues de El recibimos todo, la vida, la consolación, el amor para darlo a los demás. Señor; reconocemos que no somos competentes por nosotros mismos, sino que toda nuestra competencia proviene de ti. Tú nos has reconciliado contigo mismo y nos has dado el ministerio de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros. Danos el favor y la gracia para comunicar a los demás tus palabras que dicen: Reconciliaos con Dios por medio de Jesucristo. Que así sea. (2 Corintios 1:3-4; 2 Corintios 3:5; 2 Corintios 5:20)

15)
Dios bendito y poderoso, creaste el cielo, la tierra y todo cuanto existe. ¡Alabaremos y bendeciremos al Señor desde ahora y para siempre! ¡Todo lo que respira alabe al Señor!
Es tu deseo que tengamos larga vida, salud, y que prospere nuestra alma, porque tus deseos para nosotros son siempre de bien y de bondad para con tu creación toda. Tenemos acceso a tu presencia, Jesús habita en nuestro interior y el Espíritu Santo nos guía, únicamente hace falta que nuestros oídos estén atentos y el corazón dispuesto a obedecer tus instrucciones para que tus propósitos sean plenamente visibles en nosotros y nuestro círculo de influencia. Guatemala, las oraciones de tu pueblo te han colocado en el trono de la misericordia. Dios se apiadó de ti y te dice, “Mía eres tú”. (Salmo 113:2; Jeremías 29:11)

16)
Clamamos que derrames sobre los habitantes de Guatemala espíritu de arrepentimiento y convicción de pecado; que con valor juzguemos nuestro corazón y nuestras palabras para purgarlo de pensamientos de juicio contra Guatemala. Ablanda nuestro corazón y renueva en nosotros la esperanza para no ser presas de la indiferencia fingida ni blindarnos de cautela y apatía (ambos mecanismos de defensa para evitar el sufrimiento y la decepción). Renueva también el amor por esta tierra de bendición en donde vivimos.
Él es quien con infinita y minuciosa sabiduría creó los cielos, la tierra, las plantas y todo ser viviente, quien pensó en Guatemala y la creó tan formidablemente hermosa, verde, fructífera, fértil, cálida, alegre, diversa, colorida, fragante…(Marcos 7:15; 2 Timoteo 2:25; Salmo 16:6)

17)
Intercedemos a favor de los creyentes en Guatemala y pedimos que una vez más sueñen, vean visiones, reciban profecía… que aviven el fuego del don que pusiste en ellos. No es la primera vez que una nación convulsiona socialmente; como en tiempos de Nehemías, reconstruimos la nación e intercedemos por ella, ambos esfuerzos a la vez. Levanta hombres y mujeres que con corazón transparente y lleno de celo por ti, Señor, inspiren a otros para reconstruir desde adentro hacia fuera, comenzando con sus propias vidas.
Si el enemigo espiritual amenaza y quiere intimidar a Guatemala, Jehová-nissi, nuestra Bandera se levantará a favor nuestro. Él nos guiará a la batalla y en Él haremos proezas. Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Hechos 2:17; 2 Timoteo 1:6)

18)
Nuestro paladión, el defensor de Guatemala, es el Fuerte y ella está recostada y anclada en la Roca que es Cristo. Las naciones nos mirarán y maravillados dirán que somos bienaventurados, que somos tierra deseable. Del norte y del sur, del este y del oeste verán y no podrán negar la obra redentora que Jehová ha hecho en nosotros.
Guatemala, tu nombre será inscrito en el libro de las naciones que serán salvas, pues andarás en la luz de la gloria de Dios. ¡Se cumplirá el dicho de nuestra boca cuando confesamos que tu nombre es inmortal por que estarás para siempre en la presencia del Señor! ¡Qué todos se levanten! ¡Qué nadie se quede atrás! Amén. (Malaquías 3:12; Apocalipsis 21:24)

19)
Ayúdanos, Señor, pues el esfuerzo debe ser concertado y en todos los frentes, ¡para ti no hay nada imposible! Clamamos que tus hijos seamos sensibles al llamado que nos hagas a ocupar las trincheras espirituales y a trabajar diligentemente desde la casa, el trabajo, o el lugar de estudios para dar a conocer que el Señor es grande y temible y que el trabajo que hoy realicemos es a favor de Guatemala como un todo: nuestros conciudadanos, nuestra descendencia y para que Dios sea glorificado. Declaramos que nos levantamos con autoridad y no cedemos nuestro lugar sobre nuestros enemigos, porque grande es nuestro Dios Todopoderoso. A ti sea la gloria, el imperio, el poder, la alabanza, por los siglos de los siglos. Amén. (Génesis 12:7; 28:16; Proverbios 23:11)

20)
Como Juan el Bautista, vamos delante de la presencia del Señor para preparar el camino de los guatemaltecos, para que puedan conocer la salvación-la salud y todos los beneficios que la salvación conlleva-, para que en Jesús reciban el perdón de sus pecados. Jesús, Tú salvaste y sanaste totalmente la vida de todos los que tocaron el borde de tu manto; virtud sanadora fluía de Él. Gracias Señor porque hoy, podemos acercarnos y entrar confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. ¡Amén! (Lucas 1: 76-77; He. 4:16)

21)
Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Es el deseo entrañable de tu corazón que seamos conformados a la imagen de Cristo. A nosotros, los gentiles nos es enviada la salud de Dios y su virtud sanadora toca nuestros cuerpos y los vivifica. Creemos que la Palabra de Dios es eficaz en nuestro cuerpo, tomamos el yelmo de la salvación (pues éste guarda nuestros pensamientos en Cristo Jesús) y llevamos cautivos los pensamientos a la obediencia a Cristo, declarando sanidad sobre nuestros cuerpos. (Apocalipsis 5:13; Efesios 6:17)

22)
Gracias Señor porque Tú nos has dado un espíritu de poder, de amor y de dominio propio. Hoy, traemos cautivos todos los pensamientos y diagnósticos médicos contrarios a la salud que Cristo Jesús proveyó para nosotros a través de Su llaga en la cruz. ¡Reprendemos al espíritu inmundo de enfermedad que ha querido acabar con la confianza en nuestro corazón que Jehová es nuestro Sanador! Fuera, en el nombre de Jesús. El Nombre del Señor es nombre sobre todo nombre que se nombra no sólo en este siglo sino también en el venidero. (2 Timoteo 1:7; Efesios 1:21)

23)
Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Eres el Altísimo, el poseedor de todo cuanto existe. Tú has dicho: Mía es la plata, mío es el oro. Y hoy nosotros hacemos nuestra, tu Palabra que dice: Los sacó con plata y con oro de su servidumbre; y no hubo en sus tribus enfermo. En nuestras tribus hoy, tampoco hay enfermos. ¡Aleluya! (1 Crónicas 29: 11 y 12; Salmo 105:37)

24)
Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sea principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. En ningún otro hay salvación y sanidad divina; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Cristo es Cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo y El es su Sanador. ¡El nos libra, salva, rescata de la mano del enemigo! Amén. (Colosenses 1: 15-17; Hechos 4:12; Efesios 5:23)

25)
Y había en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda que quiere decir Casa de Gracia, el cual tenía cinco pórticos, cinco como el número de la gracia. En estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Señor Jesús, te amamos y agradecemos porque Tú eres el Agua Viva, la gracia y la verdad vinieron contigo y cuando Tú estás conmigo, disfruto del agua de sanidad y hago mía la verdad de mi sanidad. ¡Bendito sea tu nombre! (Juan 5:2-4; Juan 7:37-38)

26)
Bendito sea el nombre de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos. Gracias Señor porque Tú quieres que todos los hombres y mujeres sean salvos y reciban sanidad. Perecemos por falta de conocimiento y de reconocimiento al hecho de que Cristo Jesús murió por cada uno de nosotros y no solamente murió sino que resucitó y nos libró de la maldición de la ley que incluía a la enfermedad. Hoy hacemos nuestro ese glorioso conocimiento: El acta de decretos que nos era contraria y que incluía a la enfermedad, fue quitada de en medio y clavada en la cruz, y despojando a las principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. ¡Aleluya!
(1 Timoteo 2:3-5; Colosenses 2:14-15)

27)
Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. Gracias por llenarnos de gozo y alegría, gracias por hacer de cada uno de nosotros, tus hijos, el Templo del Espíritu Santo. Porque fuimos comprados por precio; glorifiquemos pues, a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, los cuales son de Dios. Perdónanos si hemos pecado contra nuestro propio cuerpo, el cual es tuyo. Perdona nuestra falta de entendimiento, cuidado y protección para nuestros propios cuerpos, hechos a imagen y semejanza tuya. Perdona si nuestro descuido ha provocado desgaste y enfermedad en nuestros cuerpos. Hoy, arrepentidos, te pedimos que nos restaures y nos des nuevas fuerzas, las fuerzas del águila. Renueva nuestro entendimiento y todo nuestro ser para ser fortalecidos en ti y en el poder de tu fuerza.
(Jeremías 15:16;1 Corintios 6:19-20)

28)
¡Eres un Dios bueno! ¡Dios misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia! Hoy nos arrepentimos de todo corazón por nuestros pecados y buscamos la provisión de sanidad en Ti. Confesamos nuestras ofensas unos a otros, oramos unos por otros para ser sanados. Tu palabra dice que si hay algún enfermo entre nosotros, llamemos a los ancianos de la iglesia para que oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. La oración de fe este día es: ¡“Sé sano, Sé sana!, enviamos la palabra sanadora hasta ese lugar donde hay enfermedad y declaramos sanidad y perdón de pecados en el Nombre del Señor. Tú eres Jehová-Rapha, nuestro sanador. Bendito sea tu Nombre. (Salmo 86:15; Santiago 5:14-16; Éxodo 15:26)

29)
Bendito sea el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Tu bendición es sanidad, tu deseo es que seamos prosperados en todas las cosas y que tengamos salud, así como prospera nuestra alma. Hoy renovamos nuestro entendimiento, prosperamos nuestra alma al decirle: Vuelve, oh alma mía, (mente, emociones y voluntad) a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien, pues te ha librado de la muerte, ha librado los ojos de las lágrimas y los pies de resbalar. Creí; por tanto hablé y proclamé las grandezas y las bendiciones del Señor sobre mi vida y mi cuerpo. El ha dado orden de bendecir, El ha determinado bendición para mí y no podré revocarla. Bendito sea El Señor. (Efesios 1:3; Salmo 116:7-10; Números 23:20)

30)
Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no se moverá. Firme es tu trono desde entonces; Tú eres eternamente. Tu Palabra es verdad. Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no lo hará? Habló, ¿y no ejecutará? Tu primer mandamiento con promesa dice: Honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. El guardar tu mandamiento es vida. Honramos a nuestro padre y a nuestra madre para obedecer tu palabra porque te amamos a ti, Señor y para recibir tu promesa de salud y larga vida. Así sea. (Salmo 93:1-2; Números 23:19; Éxodo 20:12; Efesios 6:2)